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Aportación del Carisma de las Siervas de María en la Iglesia y en la sociedad

Las Siervas de María, Ministras de los Enfermos, somos un Instituto de Vida Consagrada, que nació en Madrid el 15 de Agosto del año 1851, por lo tanto próximamente celebraremos nuestro 172 aniversario. La Fundadora fue Santa Mª Soledad Torres Acosta, una madrileña sensible a las necesidades de su época, en la que existía una gran carencia en la asistencia socio-sanitaria para atender a los enfermos en sus propios domicilios.  

Ella, tocada por Dios, tomó conciencia de que el gran deseo de ayudarlos no era algo meramente emotivo y pasajero, sino más bien una invitación profunda del Señor, que en su figura frágil y pequeña, había depositado todo el fuego y pasión que requería, para llevar a cabo el Proyecto que su amado Señor había pensado para ella.  

Sí, eso exigía una donación total, abrazar y dar vida a aquel plan que tenía delante, y consciente del tesoro que su condición femenina le proporcionaba, sacó todo ese caudal para regalarlo a los que el Señor le ponía en el camino: cuidar a los enfermos, consolarlos, aliviarlos, amarlos, dignificarlos, etc. viendo en sus rostros a Cristo.   

La aportación de Madre Soledad a la Iglesia podemos definirla ante todo por lo que ella misma fue, es decir, por su santidad de vida. Al ser canonizada, la nueva santa pasó a ser no sólo la Fundadora de nuestro Instituto, sino miembro vivo y santo para la Iglesia toda, y por lo tanto, una intercesora universal. 

Es preciso señalar también la aportación de lo que hizo a través del carisma que recibió del Espíritu Santo, pues como queda destacado arriba, hizo frente a una carencia social de su tiempo dedicando su vida, y la obra por ella fundada, al servicio de los enfermos en sus propios domicilios, o donde se encuentren hospitalizados, de forma esmerada y gratuita, teniendo presente las palabras de Jesús: “Estuve enfermo y me visitaste”.  

Este carisma, del que también participan cuantas Siervas de María perpetúan la labor de Santa Soledad, rebasa los límites del tiempo, y por ello hoy sigue siendo realidad la rica aportación que podemos hacer a tantos hermanos que sufren, iluminando el oscuro mundo del dolor con esa luz de esperanza que es presencia, entrega generosa y servicio callado, consolando, aliviando, acompañando, y en de definitiva, dedicando la vida en derramar y repartir la ternura de Dios a sus hijos más desvalidos. 

¡Bonita misión! llevada a cabo en el silencio de la noche, o a plena luz del día, entrando de puntillas, llenas de respeto y deseos de aliviar, en domicilios donde los enfermos y familiares aguardan ansiosos no sólo los cuidados que las Siervas de María realizan como enfermeras, sino también como mensajeras y testigos del Dios-Amor. Y se acercan conscientes de que una labor tan importante sólo se lleva a cabo desde la humildad, reconociendo que es la gracia de Dios la que sostiene a estas intrépidas y sencillas Hijas de Madre Soledad, que llevan 172 años haciendo realidad el sueño de aquella pequeña y gran madrileña, que rompió moldes en su época fiándose del Señor, a quien veía en el prójimo sufriente.  

Como María, de quien somos Siervas, ofrecemos un modo de vida centrada en Jesús, y con Él, siendo consagradas, ir por la vida repartiendo alivio, consuelo y sentido de trascendencia en el mundo del dolor, a la par que cuidamos los miembros doloridos de Cristo, que son los enfermos. 

– Sor Encarnación Rodríguez, S. de M

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