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Espiritualidad del Carisma

Madre Soledad, se identificó con Cristo de tal manera que llegó a encarnarlo realmente, siendo alma de oración y de intensa vida interior.

No hacía separación entre la vida de oración y la vida apostólica, siendo una verdadera contemplativa en la acción. Cuidando a los enfermos, allí donde se encuentran, como dice el Papa Francisco, en las periferias existenciales del dolor, ya sea en sus propios domicilios o en dispensarios, hospitales, etc. Lo hacía con humilde sencillez y espíritu de servicio, viendo a Cristo en cada uno de ellos y llevando su ternura y misericordia a los más necesitados, compartiendo lo que tenía.

Un rasgo específico del carisma es la asistencia prestada a los enfermos en sus domicilios particulares, con esmero y de manera gratuita, disponible para cualquiera que la necesite, sin importar el título del dolor o la necesidad. Esta actividad apostólica tiene una irradiación hacia los miembros de su hogar.

La actualidad del carisma se refleja en el discurso que nos dirigió el Santo Padre Juan Pablo II el 16 de febrero de 2001: “Aunque algunas circunstancias hayan cambiado, Cristo se sigue manifestándose hoy en tantos rostros que nos hablan de indigencia, soledad y dolor. Es necesario pues, mantener un gran espíritu de oración, de intimidad con Dios, que dé vida a los gestos de servicio específico que desempañáis, pues «el Cristo descubierto en la contemplación, es el mismo que vive y sufre en los pobres». (Vita Consecrata, 82).

Por eso, ayer como hoy, seguimos cogiendo en nuestras manos la antorcha del carisma que nos transmitió nuestra Fundadora: conociendo a fondo la experiencia de vida que tuvo Madre Soledad, extrayendo de sus cartas y testimonios de las hermanas contemporáneas los tesoros que en ello se encierran, adquiriendo el talante que ella tuvo, profundizando en las Constituciones, etc. Nos apremia el reflexionar, redescubrir y profundizar en el valor y dimensiones del carisma, para suscitar nuevo entusiasmo y amor a la riqueza que él contiene, porque, “descubrir las propias raíces y las propias opciones de espiritualidad abre caminos hacia el fututo” (Caminar desde Cristo, 20)

San Juan Pablo ll nos ha dicho:

“El carisma del que sois herederas os proyecta hacia un futuro en el que la Iglesia está llamada a continuar, pero hoy, quizás requiere mayor creatividad…”

(Discurso que nos dirigió el Santo Padre Juan Pablo II el 16 de febrero de 2001)

  1. Rasgos del Carisma
    Contemplativas en la acción: La Sierva de María trata de vivir en clima de oración, aun en medio de cualquier actividad, teniendo a Dios como centro, siendo consciente de su presencia y de su amor. Tanto la vida individual como comunitaria o asistencial debe estar impregnada del espíritu contemplativo. “La Habitación del enfermo se convierte para ella en Santuario” donde Cristo es inmolado y en ese clima de oración, realiza su ministerio. 
  2. Abandonadas a la Providencia: Conscientes del amor y de la fidelidad de
    Dios la Sierva de María, vive totalmente abandonada en El. El espíritu de fe y
    la confianza en la Providencia de Dios, son la clave explicativa del Instituto. En
    la práctica de la Caridad hacia el que sufre encamina sus pasos totalmente confiada y apoyada en Dios, dándose gratuitamente y esperándolo todo de las
    Manos Providentes de Dios Padre que “cuida de los lirios del campo y pájaros
    del cielo”(Cfr. Lc.12, 24 ss)
  3. Cooperadoras con Cristo y María en la salvación de los hombres:
    Consagradas a Dios en la Iglesia, pretendemos vivir con espíritu evangélico, imitando a Cristo, asociadas a Él, prolongando su paso entre los enfermos, teniendo en María la Madre y Maestra, que nos conduce a la más íntima comunión con Jesucristo, buscando asegurar en nosotras su disponibilidad, para decir como Ella “He aquí la Sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra”. (Lc. 1, 38)

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