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“Yo, Cuidador”

En nuestro peregrinar terrenal, dígase más fácil y entendible, nuestra cotidiano quehacer, quien no ha sido convocado a ser cuidador de alguien, llámese un familiar amado, un amigo, un conocido y hasta porque no a un desconocido a quien decidimos extender la mano sin saber mucho de él, pero con la convicción de que es nuestro prójimo , haciendo caso aquello que nos dice el Evangelio , cualquier persona cercana con la que podamos compartir el amor de Dios, es tu prójimo. Marcos12:31-33, Gálatas 5:14 . En cualquiera de estas circunstancias podemos involucrarnos en mayor o menor grado consumiendo nuestro tiempo, nuestras fuerzas sentimientos y emociones y en muchos casos ponemos en juego nuestra realización personal, profesional, vida de relación en pareja, la familia y el progreso laboral, colocando en riesgo la estabilidad afectivo emocional, el sostén económico , a veces enrutamos por un camino de frustración y desanimo que nos desanima y aniquila y lleva al traste la calidad de cuidado que dispensamos a los otros. De ahí la importancia que tiene apropiarse de la máxima de vida que dice “para cuidar hay que cuidarse “, nada más socorrido y que tributa a aquel fragmento del Evangelio que dice Nadie puede dar lo que no tiene. Para poder dispensar cuidados tenemos que estar atentos a nosotros mismos, ser vigilantes y atender nuestras necesidades físicas, espirituales, psicológicas y de relación que nos hace persona humana con tendencia a la trascendencia.

Con mirada integradora y desde una experiencia personal como cuidador, me permito compartirles algunas pautas que pudieran servir a aquellos que hoy comparten su ser y quehacer en el servicio al cuidado de un enfermo, una persona con discapacidad o sencillamente a un paciente en edad avanzada que vuelve a demandar cuidados como el más tierno de los infantes, a diferencia que ya tienen un camino recorrido y un desempeño existencial que los moldeo y conformo como ser humano y que estarán exigiendo se respete sus puntos de vistas, sus actuares y comportamientos y no quieren ser invadidos, a los que los cuidadores no tenemos mucho cuidado y queremos ser más que cuidadores , conquistadores.

Recurrro  a la vincularidad, fenómeno que nos hace identificar los asideros de nuestra existencia y que hace que la persona humana en opción  por la separatidad haga preferencia por establecer vínculos para su crecimiento humano. La separatidad se alimenta de desconfianza ,competencia ,rivalidad ,envidia individualismo y temores mientras que la vincularidad se fomenta mediante el saber escuchar, reconocer al otro,  entender a los demás, comprender, perdonar y  amar.

Cuando nos debatimos entre el  compromiso de cuidar a alguien y el cansancio , si porque  “nos saturamos” y agotamos, es perfectamente humano, miramos a nuestro alrededor y nos llenamos de cuestionamientos sobre los otros que debían estar compartiendo el cuidado con nosotros y no están, léase familiares cercanos y que muchas veces “le toca” y se desentienden, amigos de quien esperamos apoyo, de hermanos de fe que por testimonio debían ser cercanos y brindarnos la mano es que debemos y tenemos que aferrarnos a la vincularidad como medio de establecer un proceso de fortalecimiento personal que nos permita seguir brindando lo mejor de nosotros como cuidador y haciendo que la persona que cuidamos  se sienta realmente amada y atendida. Solo asi podemos perdonar a los ausentes, comprender a los que hacen poco, y hasta entender a los que explican porque no se involucran y magnificar el amor que nos mueve a gastar nuestras fuerzas y energías en ser cuidadores y hacerlo con calidad cuidando de nuestra integridad , porque ciertamente el riesgo de flaquear y sucumbir es latente, no en  vano se ha descrito el Síndrome del Cuidador que pone a la luz las consecuencias expresadas en síntomas que padecen los involucrados en tan humana labor cuando no se cuida de si.

Dr Rodrigo E Mallo Cordón
Médico Especialista en Pediatría.
MSc en Bioética
mallo.rodrigo@yahoo.com
Cel: 786 439 4459


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