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Santidad de Madre Soledad

Vivencia Personal

“Sed santos como vuestro Padre celestial es santo” nos decía Jesús siendo Él mismo la fuente de vida y santidad. Desde el Bautismo ya somos santos pues Cristo habita en nosotros y Él es Santo, pero estamos llamadas a hacerlo crecer con nuestras vidas.

¿Cómo? Después del regalo de la vocación en mi niñez, creció en mí la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, ya que él me mostró el lugar: en las Siervas de María. En ellas encontré a una mujer pequeña, sencilla, con un corazón grande para amar, mi modelo de camino interior para llegar a la santidad: Santa María Soledad.

Este camino interior de Madre Soledad hacia la santidad lo he visto reflejado en la oración sobre las ofrendas de la Eucaristía dedicada al sagrado Corazón de Jesús: “Señor, Dios nuestro, revístenos con las virtudes del Corazón de tu Hijo e inflámanos en sus mismos sentimientos, para que conformados a su imagen merezcamos participar de la redención (gozo) eterno”.

Madre Soledad se dejó revestir de las virtudes del mismo Corazón de Jesús y se dejó inflamar por sus mismos sentimientos, con una conformación creciente, de día en día, con Cristo y Cristo Crucificado, mereciendo participar del gozo eterno.

Madre Soledad se configuró con Cristo, en su ser y hacer de tal forma que bien podía decir como San Pablo: “Es Cristo quien vive en mí”. Por su unión constante con Cristo, con su Fíat, su aceptación de la Palabra, con su fidelidad y entrega, Madre Soledad logró practicar en grado heroico tanto las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad) como las cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza). Así lo acreditan las numerosas declaraciones en el proceso de canonización, evento que tuvo lugar el 25 de enero de 1970. 

Así mismo he ido percibiendo cómo se dejó inflamar de los sentimientos del Corazón de Cristo: misericordia, mansedumbre, amor, humildad, ternura, paz, reconciliación, abnegación, olvido de sí, abajamiento, fraternidad, gratuidad. Y los hizo suyos, pudiendo asegurar que su corazón estaba cortado a la medida del Corazón de Cristo. Aún en medio de las adversidades, dificultades y sufrimientos, Madre Soledad confiaba plenamente en el Señor, oraba insistentemente ante Cristo Crucificado y ante el Sagrario, teniendo por Madre a la Virgen bajo el título de Salud de los Enfermos “La Enfermera Mayor”.

Su corazón así transformado irradiaba cual otro Cristo, misericordia, ternura, paz, abajamiento, humildad, etc. tanto en el la vida fraterna como en el ejercicio de nuestro carisma específico: “el cuidado de los enfermos especialmente a domicilio, de forma esmerada y gratuita”  pues para Madre Soledad el estar en compañía de Jesús en la oración intima, aquí se ha trocado en estar en compañía del enfermo donde místicamente está Cristo Crucificado, y comprendí  que cuidar a un enfermo era como -un regalo gratuito- en el que el Señor me permitía demostrarle su amor; de ahí el esmero y la gratuidad de todo nuestro ser, ese saber permanecer, estar y ofrecer de la Sierva de María al lado del enfermo tanto de día como de noche. Me fortalecía el hecho de que Madre Soledad no se sentía sola, sino enviada por la Iglesia para llevar adelante la buena nueva del Evangelio: “Decid a los enfermos el reino de Dios está cerca de vosotros” y enviada a ser la buena samaritana porque “estuve enfermo y me visitasteis”. Son las palabras de Jesús que Madre Soledad hizo suyas, son la trascendencia de nuestro carisma-misión que unida a la preparación enfermerística hacen  que nuestros cuidados abarquen la persona en su integridad (física, psíquica y espiritual). 

Enraizada en Cristo, Madre Soledad supo afrontar el reto vocacional de seguir a Cristo más de cerca con las arras de los tres votos: pobreza- la grandeza del amor,  obediencia – la finura del amor y castidad – la plenitud del amor, y llevar adelante la hermosa heredad del Instituto de las Siervas de María Ministras de los Enfermos, que supo custodiarla, hacerla crecer y transmitirla a las generaciones futuras pues es y sigue siendo un referente imprescindible, tanto en la vida interior como en la comunitaria y apostólica para toda Sierva de María. 

Gracias Madre Soledad por tu presencia en mi vida como Madre y modelo.

Madre Soledad alcanzó la santidad llevando a la práctica en grado heroico todo lo dicho, siendo al menos para mí, paradigma y estímulo en mi propia identificación con Cristo – la santidad.

Madrid, diciembre 2023

-Sor Carmen Yoldi S. de M.

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